Llegaste justo cuando mi corazón más necesitaba un abrazo y te quedaste para sostenerme siempre.
Tan elegante con tu corbata blanca y tu negro traje, que en las fotos costaba distinguirte y a veces solo se veía una manchita oscura, aunque para mí siempre has sido luz.
Tenías un no se qué que enamorabas a quien te conocía; cariñoso, bueno, juguetón y por encima de todo fuerte.
Tu corazón no conocía otra cosa que no fuera la bondad. Has sido el mejor amigo que jamás pude tener siempre contento y moviendo la colita.
Me has enseñado el significado de querer con alma y sin medida y cuidar del otro sin esperar nada a cambio.
Tu mirada hablaba por sí sola, girando la carita a cada frase, entendiendo todas y cada una de las palabras.
Sé que allí donde estas ahora corres buscando montones de piedras con las que jugar y bañándote en una gran poza de agua cristalina.
Espérame feliz hasta que nos volvamos a encontrar para no separarnos jamás.
“Sempre junts, mi amor”