Inca, el vacío que has dejado en nuestros corazones es enorme. Te pensamos y añoramos muchísimo y tu marcha nos ha dejado muy tristes, pero a la vez nos sentimos agradecidos y afortunados por haber podido disfrutar de tu compañía y amistad durante casi 16 años.
Eres uno de los regalos más bonitos que me ha dado la vida, la perrita más buena, simpática y cariñosa del mundo, nuestra compañera fiel en los buenos y no tan buenos momentos.
Me quedo con todos nuestros paseos, con los baños en la playa, con tu cabecita apoyada en mi rodilla, con los juegos y las siestas, y con esos ojitos negros tan bonitos que -sin palabras- tanto hablaban.
Sólo quiero que sepas que aunque te hayas ido tu recuerdo pervivirá eternamente en nosotros.
Te querremos por siempre gordita.
Descansa en paz