Durante catorce años fuiste una presencia de ternura y calma.

Un pequeño corazón que llenó el hogar de vida, de compañía y de amor sincero.

Hoy dejas un silencio imposible de llenar,

pero también una huella eterna.

Vuela en paz, querida Hera.
Allí donde estés, el amor que compartimos seguirá vivo.