Hoy hace un mes que te fuiste Gordi.

No he tenido fuerzas hasta ahora para poder dedicarte unas palabras. Todavía no me creo que no estés.
Cada esquina de la casa y de mi corazón te buscan sin cesar.
Bajo la manta del sofá, sobre mis piernas, en el regazo de tu “tata”, te busco en la puerta de la cocina cuando estoy cocinando, no cierro las puertas de casa para que puedas entrar y salir, voy al baño y cuando cierro la puerta, la abro por qué juraría que escucho tus maullidos pidiendo entrar, pero no…
Abro el armario y sigo viendo tu comida que todavía tengo e inconscientemente voy a ponerte tú comidita, pero no, ya no.
Por las noches, que duro, 19 años y medio durmiendo juntas, abrazadas, ya no.
Lavé tu camita y la he transformado en unos cojines alargados y circulares, ahora duermo abrazada a el. Llegaste a mi vida junto a tu hermano Gris, los dos con el cordón umbilical todavía, llegaste en mis brazos y así te fuiste, en mis brazos.
Te doy las gracias por hacerme tan feliz estos años… Te doy las gracias por enseñarme lo que es el amor desde las entrañas, por estar siempre a mi lado, a las buenas y a las malas lamiendo mis lágrimas, te voy las gracias por el amor que le diste siempre a la tata, y al papá, te doy las gracias por acompañarme, por tantas y tantas horas de mimos y ronroneos.
Ahora estás en casa y cada día te miro y te doy los buenos días y te hablo, dejaste un vacío muy grande en nuestros corazones, me quedo con esos 19 años y medio juntas, por las risas y los juegos.
Te amo con toda mi alma gordita.
Ahora ya puedes jugar con tu tete.