Donato no fue solo mi gato.
Fue mi hijo, mi compañero de vida y el amor más constante que conocí.
Desde el primer momento hubo algo imposible de explicar: amor a primera vista. Una conexión profunda, de esas que no se eligen, simplemente suceden. A lo largo de los años compartimos todo: rutinas, silencios, mudanzas, momentos difíciles y también decisiones enormes. Incluso nos fuimos juntos del país. Nunca estuvo afuera de mi vida. Siempre fue parte de mí.
Donato estuvo cuando nadie más podía estar. Acompañó sin pedir, sostuvo sin hacer ruido y amó de una forma pura, leal y honesta. Su presencia fue refugio, hogar y sostén emocional.
Se fue en paz, en mis brazos, amado hasta el último segundo. Su despedida fue consciente y serena.
Nuestro vínculo fue único e irrepetible.
No fue “una mascota”. Fue familia. Fue hijo. Fue historia compartida y una parte de quien soy.
Gracias por todo, Chuchi. Te voy a amar y extrañar toda mi vida.
Siempre serás mi eterno sol.
Mamá.